13/01/09

Perros de ciudad

Los origenes del Canis lupus doméstico se pierden en el tiempo, tal así como el proceso en que estos animales descendientes del lobo gris se fueron domesticando.
Existe una teoría que habla sobre que éstos mismos animales se “domesticaron solos”. poco a poco comenzó ese acercamiento del perro al hombre para obtener de sus sobras el preciado alimento y obtener ambos refugio y calor en tiempos en que todas esas cosas escaseaban.
Con el tiempo los perros cambiaron la apariencia amenazante del lobo por la amable mirada de ojos compasivos que la gran mayoría de los perros posee.
El perro se “autodomesticó”, al ver que en el producto cultural del hombre había un espacio para obtener un beneficio. Beneficio que significó la masificación y la supervivencia del perro domestico.
Me viene la paradoja entonces, de ver a ese perro maltratado pero a la vez tolerante a esas ambivalencias del ser humano. El perro no hará “una revolución” ante esto, ya que el perro “sabe” por instinto que los humanos se autorregulan en su cultura, y vendrá otro de esos primates pelados eventualmente a rescatarlos, a hacer causa común por su supervivencia, ese humano “bueno” eventualmente es gratificado por el perro y el perro vuelve a establecer el pacto cultural que hace miles de años lleva su incondicional amistad.
La “ley del perro” es idéntica al planteamiento cristiano de dar la otra mejilla, que más allá de la explicación moral y valórica que esta idea ha adquirido con el tiempo, tiene una relevancia estratégica de la cual el perro sabe bien, el de la lucha pacífica, el de la gratitud como arma de conquista de su entorno.
Me aventuro a decir que perro amansa al hombre mostrando una solución de coexistencia pacífica. Gratitud incondicional a cambio de uso y aprendizaje de valores que le han implicado la supervivencia de los hombres a su propia autodestrucción. La compasión y la condena que tenemos ante alguien que maltrata a un ser por mero placer o beneficio egoísta.